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¿Cómo afecta la enfermedad inflamatoria intestinal a mi bienestar emocional?

Información realizada y revisada por : Dr. Manuel Barreiro de Acosta. Unided EII. Santiago; Dra. Catalina Suárez Viñas. Psiquiatría. Ferrol; Marta Iglesias Rey. Psicología. Unidad EII. Santiago; Amador Estévez. Psicología clínica. Ferrol.

¿Por qué cuando estoy nervioso es cuando peor me siento?

La enfermedad en sí misma tiene un impacto estresante, puesto que produce un desequilibrio en la vida de la persona, y el objetivo principal es conseguir reestablecer ese equilibrio. Pero además, los pacientes con EII deben enfrentarse también al estrés que proviene de la vida diaria. El estrés puede afectar al bienestar psicológico y de esta forma influir en la gravedad de los síntomas, puesto que los pacientes con EII suelen considerar el estrés como una causa muy importante del origen o empeoramiento de sus síntomas. Por todo ello en los últimos años ha aumentado la evidencia sobre el estrés, la desregulación del sistema inmune y los cambios de la permeabilidad del colon, ya que el sistema nervioso y el aparato digestivo se encuentran estrechamente relacionados y esta es la razón principal por la que cuando estamos más nerviosos sintamos la necesidad de ir más veces al baño, se nos quiten las ganas de comer o bien notemos un cierto “aleteo en el estómago”, dependiendo de las personas. Estos datos lo que sugieren son posibles vías para una relación entre el estrés y la EII. Sin embargo, hasta el momento no se puede afirmar que el estrés tenga un papel directo en la aparición de la enfermedad. Por tanto, aunque el estrés afecta a la calidad de vida y al curso clínico de la enfermedad, debemos mantenernos prudentes respecto a su rol en la aparición de la enfermedad.

¿El miedo a la propia enfermedad y a sus consecuencias puede causar ansiedad? ¿Qué puntos son clave para vencerlos?

La reacción inicial de sorpresa suele ser sustituida por una sensación de miedo y ansiedad frente a diferentes circunstancias, a las citas, a los procedimientos que se instauran, a los tratamientos, a los médicos, a las posibles malas noticias, etc. Este miedo a las posibles malas noticias se ha ido instaurando desde la fase inicial de enfrentamiento de la enfermedad (fase preparativa, egocéntrica), donde el enfermo no hace más que preguntarse «¿y si pasa esto o lo otro?», como consecuencia del estrés que le produce el diagnóstico de la enfermedad.
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Una buena información de todos los aspectos de la enfermedad, de sus riesgos, de la medicación, etc., en estos primeros encuentros hace que disminuya el nivel de ansiedad, ya que en esta fase se trata de una ansiedad por confusión o confusional.

Las personas con altos niveles de ansiedad, buscan en la palabra, en el encuentro con el otro, fundamentalmente a través de la mirada, las claves de su recuperación. De hecho, estos primeros encuentros con el especialista, se describen como decisivos. Es cuando se deposita la confianza en el especialista que trata la enfermedad es cuando comienza la esperanza. Estos primeros encuentros son clave para conseguir una adecuada relación médico-paciente que ayude a vencer esos miedos iniciales.

¿Cómo puedo manejar las emociones relacionadas con mi enfermedad?

Aprendiendo a gestionar mis emociones

Purificación Bernabeu. Psicología. H. General Universitario de Alicante

La adaptación a la enfermedad Inflamatoria intestinal implica cambios que pueden ocasionar la aparición de diferentes emociones. En el curso de nuestra enfermedad podemos sentir diferentes emociones como la ansiedad, tristeza, rabia, vergüenza, miedo…

Es importante que aprendamos a reconocerlas, a identificarlas y a expresarlas correctamente para que cumplan su función adaptativa.

¿Quieres aprender a gestionar tus emociones?

Sigue estos pasos

  • Identifica qué emoción estás sintiendo y qué es lo que te la ha provocado (pensamiento, situación, persona…)
  • Exprésala de forma adecuada (verbalmente, a través de la escritura, dibujando…)
  • Aceptala y déjala ir. Si la reprimes de forma habitual o la vives con gran intensidad es cuando la emoción puede llegar a provocarte gran malestar e incluso puede provocar una percepción de incremento de los síntomas (mayor dolor, mayor número de deposiciones…)

Minimiza su impacto:

  • Busca formas de distraerte, programa actividades agradables.
  • Piensa en tu futuro más próximo. Enfócate en lo más inmediato que tienes que resolver y ocúpate de ello. No proyectes a largo plazo.
  • Tómate tiempo para ver lo que te sucede desde otra perspectiva. Pregúntate si esto le pasara a otra persona cercana a ti cómo la ayudarías.
  • Aprende a desdramatizar lo que te sucede, pregúntate ¿qué es lo peor que me puede pasar?, te darás cuenta que aún así, puede que no sea tan grave como lo planteas en tu pensamiento.
  • Practica la meditación y la relajación.
  • Piensa en lo bueno que tienes, deja de focalizarte en lo negativo.
  • Si aún así la emoción es muy intensa y/o persiste en el tiempo de forma que se ven afectadas varias áreas de tu vida (familiar, social, laboral…), no dudes en pedir ayuda profesional.

¿Puedo tener una depresión? ¿Debería pedir ayuda a un profesional?

La depresión es un trastorno mental relacionado con bajo estado de ánimo y alteraciones del pensamiento, del comportamiento y del nivel de actividad. Se asocia a sentimientos de tristeza e infelicidad. A veces nos sentimos abatidos, sobrepasados en determinadas ocasiones, esto algo normal y que no suele durar mucho tiempo.

Otra situación diferente es la depresión clínica o el trastorno depresivo que se considera un trastorno del estado de ánimo con sentimientos intensos de tristeza, pérdida, ira o frustración que son frecuentes y permanecen durante varias semanas o más interfiriendo y dificultando las tareas de la vida diaria. En ocasiones, la depresión puede relacionarse con pensamientos sobre el suicidio. En este caso no dude en contactar con su médico, personal de enfermería, psicólogo o Servicio de Urgencias.

Me despierto todas las mañanas con miedo y estoy deprimido todo el día

Tener una Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) es una experiencia estresante y por ello se asocia a un riesgo mayor de trastornos psicológicos y alteraciones emocionales siendo menos habitual la presencia de trastornos psicopatológicos graves. Se sabe que la presencia de sintomatología ansiosa y/o depresiva es mayor que en la población sin EII. Así en períodos de remisión de los síntomas físicos un 30% de los pacientes manifiestan sintomatología de este tipo que aumenta considerablemente en los periodos de recaídas. Por ello es importante que sepas detectar cuándo es necesario que pidas ayuda profesional.

¿Por qué es importante contar con el apoyo familiar y social?

La EII no sólo afecta a la persona que la padece, sino que también tiene repercusiones a nivel familiar y social. A nivel familiar se produce un desequilibrio provocado por las limitaciones que la propia enfermedad impone al paciente, siendo la propia familia la que en numerosas ocasiones debe asumir la actividad laboral y social que desarrollaba antes la persona enferma, además de sus cuidados. Asimismo a nivel social es frecuente que se dejen de realizar actividades que antes resultaban placenteras pero que ahora por miedo (por ejemplo, por el temor a encontrarse mal y no disponer de un baño cercano), o incluso por problemas emocionales (tristeza, aislamiento, etc.) han dejado de realizarse.

Tanto la familia como la red social tienen un papel fundamental en los procesos de afrontamiento. Ambas ayudan a reducir el impacto psicológico del estrés generado por la propia enfermedad o por la vida diaria y además, mejoran el estado físico, prestando un soporte fundamental en la rehabilitación y recuperación de la salud.

Sin embargo, aunque en la mayoría de los casos la familia es fundamental, en ocasiones sus actuaciones pueden ser perjudiciales para el enfermo. Nos referimos a los casos concretos en los que un miembro de la familia (madre, cónyuge) asume el papel activo al tomar todas las decisiones, impidiendo que el propio enfermo asuma el control sobre su enfermedad y sus cuidados.

Otro aspecto muy importante es que también pueden proporcionar información sobre estrategias de afrontamiento que la persona desconocía. De hecho, estar comprometido o entregado en una relación, matrimonio o convivencia, está asociado a un mejor pronóstico que estar soltero, separado o viudo no sólo en la EII, sino en muchas circunstancias médicas importantes.